Idaho le dio una patada al extremismo. El resto del país… pues qué vergüenza.
Ayer, Estados Unidos tuvo otra de esas noches electorales donde la democracia entra caminando al casino y sale con la cartera vacía. En Kentucky, el mensaje fue brutal: si Donald Trump y los grandes donadores se enojan contigo, te pueden comprar la silla, la mesa y hasta el edificio completo. La primaria contra Thomas Massie se convirtió en la contienda de la Cámara de Representantes más cara en la historia de Estados Unidos, con alrededor de 33 millones de dólares gastados en total para borrar del mapa político a un republicano que se atrevió a desafiar a Trump en temas como los archivos de Jeffrey Epstein, la guerra contra Irán y el gasto federal. Porque claro, nada dice “voluntad popular” como convertir una elección en una subasta con banderitas.