JOAN SEBASTIAN GUERRERO: LOS BUITRES GÉLIDOS VOLVIERON A MATAR AL HOMBRE EQUIVOCADO
Joan Sebastian Guerrero tenía 26 años, era colombiano, vivía en Biddeford, Maine, con su esposa y su pequeña hija, contaba con autorización para trabajar y tenía número de Seguro Social. No era un fugitivo peligroso, no era el objetivo de la orden que los agentes pretendían ejecutar y, según quienes lo conocían, era simplemente un trabajador que salió de casa el lunes por la mañana buscando ganarse la vida, esa rutina humilde que millones de inmigrantes llaman el sueño americano hasta que el gobierno decide convertirla en una pesadilla.